"No hace falta recurrir a trucos para hacer fotos. No tienes que hacer posar a nadie ante la cámara. Las fotos están ahí, esperando que las hagas. La verdad es la mejor fotografía, la mejor propaganda"
Veo el mundo intentando desprenderme de lo que ya sé, de lo que ya espero encontrar. Hay algo en el acto de mirar que se contamina fácilmente: con el hábito, con lo que uno ya vio antes, con lo que cree que debería ver. Por eso el trabajo empieza antes de apretar el disparador. Empieza en vaciarse un poco.
Lo que busco es quedarme con lo que el momento tiene para dar, no con lo que yo fui a buscar. Esa diferencia, aunque parezca pequeña, lo cambia todo.
Fotografío desde la memoria y desde la pregunta. Hay objetos que me interrogan desde la infancia, personas que llevan en el cuerpo una historia que no siempre tienen palabras para contar, lugares que guardan el tiempo de una manera que solo la imagen puede detener. Me interesa eso: lo que está, pero ya no está, lo que se ve, pero pide ser leído de otra manera.
Cuando reconozco una imagen como mía —algo que ocurrió una sola vez y no se va a repetir— entiendo que en realidad ya no me pertenece del todo. En el momento en que otra persona la mira, algo se transforma. Deja de ser mi recuerdo y se convierte en algo nuevo: la experiencia de quien la recibe, con su propia historia, su propia sensibilidad, sus propios silencios. Eso me parece lo más honesto que puede hacer una fotografía: a b r i r s e.
Por eso la búsqueda real empieza en el vínculo. Con las personas, lograr que la cámara deje de ser un obstáculo y se convierta en una excusa para estar presentes juntos. Con los objetos y los espacios, aprender a escuchar lo que dicen cuando nadie los mira: el polvo, el orden roto, la herramienta apoyada donde alguien la dejó por última vez. En esa quietud hay una conversación esperando.
No busco la imagen perfecta. Busco la imagen honesta. La que le dice algo distinto a cada uno que la ve, brutal o amorosa, pero siempre verdadera. La que invita a hacer el propio viaje: a recordar qué objetos guardamos, qué dejamos, qué historias estamos construyendo sin darnos cuenta.
Al final, fotografiar es una forma de no olvidar. Y también de invitar a otros a que recuerden.